5 may. 2011

El Reino de Hades


Hoy quisiera hablar algo más profundamente acerca del mundo de los muertos, del Hades. Y no va a ser tarea fácil, ya que no he tenido el gusto de hacerle la visita a Hades y Perséfone. Así, pues, es la literatura quien nos permite fabular acerca de ese lugar. Homero, por ejemplo, nos dice que Odiseo llegó hasta las puertas del Hades, y Virgilio refiere una historia parecida con Eneas como protagonista. Hay muchos otros poetas que nos narran las aventuras de héroes que estuvieron en el Hades; sus relatos nos sirven para hacernos una idea de este sombrío lugar de luto.

En primer lugar, cuando una persona muere, llega Hermes, el dios mensajero, el acompañante de las almas, para guiar el espíritu del difunto hasta el mundo de los muertos. Por la Odisea sabemos que la entrada de ese mundo se encuentra en el este, a orillas del océano, escondida dentro de un bosque. Odiseo se dirigió hasta este lugar porque quería encontrarse con el vidente Tiresias y hablar con él para saber algo más de su propio futuro.

Odiseo sabía perfectamente cómo atraer la sombra de un muerto. Ante la entrada del mundo de los muertos ordenó practicar un surco en el suelo, y dentro de ese surco vertió la sangre de una oveja, que atrajo a las almas grises.

Aunque es Aquiles quien nos proporciona la información más impresionante para imaginarnos la existencia en aquel lugar. Odiseo le preguntó como eran allí abajo las cosas, y el héroe dijo, que preferiría ser el sirvo más miserable del campesino más pobre allí arriba en la tierra, aunque le obligaran a trabajar el campo más seco y yermo de todos, antes que ser rey allí abajo y señor de un millón de sombras.

Cuando una persona moría había que colocarle una moneda debajo de la lengua, el llamado óbolo, porque el muerto que no lo llevara consigo no podría entrar en el mundo de los muertos. Con esta moneda se pagaba al barquero Caronte, que es un anciano sucio, terrible y maloliente que coge el dinero y lleva las almas en su barca a través de la laguna Estigia, la que separa el mundo de los muertos del mundo de los vivos. Estigia significa "odiado", y los dioses utilizan su nombre en los juramentos. Si un dios jura, jura por la laguna Estigia.

Al otro lado de la laguna, es decir, a orillas del mundo de los muertos está Cerbero, el perro del infierno. La versión más conocida dice que tiene tres cabezas, aunque algunos testigos dicen que tiene hasta cincuenta. De todos modos, tenga las que tenga, debe presentar un aspecto terrible, eso es indudable. Saluda alegremente a los que llegan, pero cuando uno de los recién llegados pretende regresar, muestra sus colmillos.

Una vez en el Hades, encontramos tres espacios: uno más grande y dos más pequeños. El espacio grande se llama la pradera de Asfódelo. El más hermoso de los dos pequeños es el Elíseo, y el más feo, el Tártaro. Como la mayoría de la gente no es ni muy mala ni muy buena, resulta lógico que al mayoría de la gente, una vez muerta, vaya directamente a la pradera de Asfódelo. Sólo los muy buenos van al Elíseo y los muy pero que muy malos, al Tártaro.

De camino al interior del Hades hay un cruce donde se encuentran los tres jueces del mundo de los muertos: Radamanto, Eaco y Minos. Éstos examinan las almas y las envían a la sección que les corresponde. 

La mayoría de las almas se reúne en la pradera de Asfódelo: pero ¿Qué hacen allí? Se dedican a repetir mecánicamente aquellas actividades a las que se dedicaban en vida, imitan y parodian su propia existencia anterior. De vez en cuando, una de estas almas se inclina encima del lago del recuerdo, bebe un sorbo y revíve mejores tiempos. Otra alma, que en su existencia anterior no había vivido días agradables, se inclina sobre el río Leteo, el río del olvido, toma un sorbo de agua y olvida.

En el Elíseo tenemos, por ejemplo, a Menelao, que en vida no había sido demasiado bueno, pero sí muy valiente. Está allí disfrutando de su existencia simplemente porque era el marido de Helena. Ésta también está en el Elísio porque era la mujer más hermosa, pero no porque fuera la mejor mujer en sentido moral. Las nociones de moralidad propias de nuestro tiempo no se pueden trasladar al mundo de la antigüedad.

Echemos una breve mirada al Tártaro. Allí nos encontramos con un viejo conocido, Tántalo. Recordaremos que Tántalo mató e hirvió a su hijo Pélope y se lo dio de comer a los dioses. Quiso poner a prueba su omnisciencia, el resultado fue positivo, aunque más bien negativo pata Tántalo, que fue condenado al Tártaro, donde padece hambre y sed. Pero el castigo no fue por asesinar a su hijo, sino por poner a prueba a los dioses.

También encontramos allí a Sísifo, que intentó burlar a la muerte. Cuando Tánatos, la muerte, vino a llevárselo, Sísifo lo encerró, y fue Ares, el dios de la guerra en persona, quien tuvo que liberarlo. Cuando Tántalo se hubo recuperado del golpe, le enviaron por segunda vez a por Sísifo, quien esta vez acompañó a la muerte sin rechistar.

Así que después de este viaje por el mundo de allá abajo, espero que os haya entrado la curiosidad por descubrir poetas clásicos que os hablen de este lugar tan mágico y misterioso.

2 comentarios:

  1. Altre cop gràcies.Si alguna vegada em toca anar al inframon, al Hades, ja em buscaré un Orfeu per que em torne a la superície, açó si, sense mirar enrere.

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  2. Yo sólo espero que Caronte acepte euros... porque no hay otro inframundo que me complazca más....

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