14 jun. 2011

De Minos, Europa y el Minotauro.

Retomando el artículo de ayer, pretendo continuar con la historia de Europa. Europa la ingenua, la bella muchacha llevada por Zeus, convertido en toro blanco, a Creta a través del mar. Allí Zeus se transformó de nuevo, esta vez en águila, posó su negro aleteo sobre la pequeña Europa y aquí viene el dilema. Hay quien dice que Zeus violó a Europa, y también hay quien dice que Europa de enamoró de su secuestrador. Bien por amor, o sólo sexo, hay que decir que de aquel pasaje mítico, nació nuestro continente. Los cínicos dicen: "fíjate en la historia de Europa a lo largo de los dos últimos milenios, ¿qué otra cosa cabe esperar de una violación? Europa ha sido violada y Europa ha violado a todo el mundo a lo largo de su historia." Y ciertamente es paradójico. Aunque, yo me inclino por pensar que lo que mantuvieron Zeus y Europa fue una relación amorosa. Con todo, Europa regaló tres hijos a su amante divino, y yo no me creo que tres hijos hayan surgido únicamente de otras tantas violaciones.

De estos hijos, el tercero ha pasado inadvertido, pero los otros dos son importantes para nuestra historia. Ellos son Minos y Radamanto. Estos dos hijos de Europa se peleaban entre sí desde su más tierna infancia. Nunca estaban de acuerdo. Cuando uno hacía algo, el otro le juzgaba y le condenaba, y viceversa. Y así vivieron hasta que llegaron a un conflicto abierto, siendo ya adolescentes: se enamoraron del mismo muchacho. Minos, que era más fuerte, expulsó a Radamanto de Creta y le ordenó que nunca más se dejase ver por la isla. Radamanto huyó a Grecia y al morir fue empleado en los infiernos para administrar justicia.

Desde entonces Minos fue rey de Creta. Su madre Europa se quedó con él. De buena gana se la hubiera quitado de encima, porque ella no se dejaba dominar y no sólo no le secundaba, sino que además se entrometía en sus asuntos y criticaba constantemente su forma de administrar el país. En realidad Minos, aunque le guardaba el debido respeto, estaba dominado por un odio cerval a su madre, pero se mantenía alejado de ella y evitaba las disputas abiertas, sabiendo que Europa había obtenido de Zeus, su amante, tres regalos: el primero, una jabalina que siempre daba en el blanco, independientemente de lo torpe que fuera el lanzador. El segundo fue un perro extremadamente fiero y mordedor. Y el tercero, era un hombre de bronce que no hacía otra cosa que correr entre tres y seis veces al día alrededor de las murallas de la ciudad, para quitar de antemano el deseo de conquista a cualquier posible enemigo. Minos  temía estos tres regalos de Zeus y por ello se cuidaba de no irritar demasiado a su madre.

Palacio de Knossos
Cuando Minos expulsó a Rodamanto de Creta, recibió de Zeus un regalo, las leyes con las que debía regir su reino. Pero debemos recordar que Creta es una isla bañada por el mar. El dios de los mares era Poseidón y, a la larga, éste no vio con buenos ojos que Minos sólo sirviera a Zeus, su hermano mayor. Poseidón estaba celoso y Zeus, que conocía los humores de su hermano, aconsejó a Minos rezar de vez en cuando al dios del mar, y Minos así lo hizo. Lo hacía de mala gana, pero lo hacía.

Pero también estaba Helios, el dios del Sol, quien con sus rayos calentaba la isla y hacía crecer los frutos. Helios deseaba igualmente la atención de Minos, así que éste también le rezó; y se conmovió tanto Helios, que le entregó por esposa a su hija Pasifae. Minos aceptó el regalo, quería satisfacer a todos.

Sobre Pasifae se cernió un halo trágico desde el comienzo. Dio a Minos unos cuantos hijos, entre ellos a Fedra y Ariadna, de las que hablaremos próximamente.

Minos, se vio obligado a presentar sus respetos y rezar a Poseidón, pero al dios le pareció demasiado poco, pues veía que a su hermano Zeus se le ofrendaban sacrificios. Así que exigió un sacrificio: un toro, que es símbolo de los cretenses, ya que Zeus se había convertido en toro blanco cuando llevó a Europa hasta Creta. Por ello Poseidón quiso que se le sacrificase un toro exactamente igual. Y como a Minos le costó bastante encontrar un animal con esas características, Poseidón le ayudó y con la espuma blanca de las olas moldeó un toro a medida y lo hizo salir del agua. Pero a Minos, que sólo temía a su padre Zeus, le gustó mucho aquel animal y pensó que igual Poseidón no se daba cuenta si lo sustituía por otro, uno viejo enfermo y consumido. Y así lo hizo, guardó en sus establos al fabuloso animal y sacrificó a otro ejemplar en su lugar; desafiando así al destino.

Como era de esperar, Poseidón descubrió la argucia y castigó a Minos aunque no directamente. Poseidón dispuso que, Pasifae, la esposa de Minos e hija de Helios, se enamorara de este toro blanco.

Pasifae no sólo se enamoró de él, sino que sintió por él un deseo sexual extremadamente apasionado. Hizo que la dejaran entrar en su establo, acarició al bello animal y quiso que el toro la montara, aunque por razones puramente anatómicas era bastante difícil. Pero el destino, al mismo destino que había desafiado Minos, quiso que por aquel tiempo el inventor más importante de la antiguedad, Dédalo, se encontrara en Creta. Dédalo le construyó una vaca de madera hueca por dentro en la que colocó las instrucciones de uso. Debajo había construido una trampilla por la que Pasifae se coló y esperó al toro.

Y de la unión de Pasifae y el toro nació un verdadero monstruo, el Minotauro, un muchacho con cabeza de toro. Era peligroso, tenía un aspecto indescriptiblemente feo y suponía un constante recordatorio del perverso desliz de Pasifae.

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