23 jun. 2011

El Coliseo se restaurará por fin.



Por fin comienza la necesaria restauración del sucio Coliseo de Roma, que parece desmoronarse. Tuvieron que pasar años para encontrar quien financiara las obras en este símbolo de la ciudad eterna, mientras arqueólogos y expertos en cultura fracasaban en sus planes de ver nacer de nuevo este anfiteatro, que cada año visitan más de cinco millones de turistas.
El miércoles, después de que se pusiera el sol y con gran revuelo mediático, se dio inicio a este nuevo comienzo que, ahora sí, irá rápido: a finales de julio se adjudicarán los contratos y dos meses después comenzarán las obras.
El lavado de cara del Coliseo, que además del paso del tiempo sufre la contaminación ambiental y las vibraciones del tráfico, no habría sido posible sin Diego Della Valle. El empresario pondrá 25 millones de euros para rescatar de la pobreza a la endeudada capital.
Está previsto que las obras se prolonguen entre dos y tres años, mientras se detiene el flujo de turistas. Después, el gran anfiteatro de la antigüedad volverá a brillar como nuevo símbolo de Roma.
Las obras previstas ampliaran en un cuarto la superficie transitable del Coliseo. Fuera, junto al Arco de Constantino, habrá un moderno centro de servicios, donde después se colocará un centro de visitantes, una librería, servicios sanitarios y la venta de entradas. Y con ello se libera espacio en el propio Coliseo.
 Coliseo 1904
Mientras, las sucias fachadas norte y sur del monumento serán limpiadas con una tecnología de agua a presión que acabará con el polvo y las manchas negras sin necesidad de usar disolventes u otros productos químicos. Las partes rotas serán selladas, se realizará un tratamiento para el metal y se alisarán los enyesados. Todo ello en una superficie de fachada de más de 21.000 metros cuadrados.
Además, los pasillos que dan acceso al fascinante foso subterráneo también serán restaurados, y la parte abovedada inferior tendrá un nuevo enrejado que cerrará el Coliseo al exterior. Con este gigantesco proyecto, el alcalde de Roma, Gianni Alemanno, y el ministro de Cultura, Giancarlo Galan, no pueden hacer otra cosa que dar las gracias a los patrocinadores privados. Al fin y al cabo, Roma quiere seguir siendo una metrópolis cultural.

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