21 jul. 2011

De Belerofonte, el héroe griego.

Hoy os hablaré de otro de los héroes griegos desconocidos por el público en general. Y es que conocemos a Heracles y a Teseo, incluso a Perseo; pero no a Belerofonte.

Belerofonte era hijo de Glauco de Corintio y nieto de Sísifo. Cuando aún era joven se vio obligado a abandonar su hogar por haber dado muerte a un tal Belero, por ello se ganó el nombre de Belerofonte.

Huyó suplicante y fue a ver a Preto, rey de Tirinto, pero tuvo la mala fortuna de que nada más verlo se enamoró de él Antea, esposa del rey, a los que algunos llamaban Estenebea.

Cuando él rechazó sus insinuaciones ella lo acusó de haber intentado seducirla, y Preto, que creyó la mentira, se enfureció. No obstante, no se atrevió a provocar la venganza de las Furias asesinando directamente a un suplicante, así que lo envió al padre de Antea, Yóbates, rey de Licia, con una carte sellada en la que decía: " Te ruego que borres de este mundo al portador de esta carta; pues ha intentado violar a mi esposa, tu hija".

Yóbates, igualmente reticente a tratar mal a un húesped real, pidió a Belerofonte que le hiciera el favor de destruir a la Quimera, un monstruo femenino que arrojaba fuego por la boca y que tenía cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de serpiente.

Antes de empezar tal empresa, Belerofonte consultó al adivino Poliido, quien le aconsejó que atrapara y domara al caballo alado Pegaso, amado por las Musas del Helicón, y que había nacido, si recordamos, de la sangre que derramó Perseo al cortarle la cabeza a la Gorgona Medusa. Así pues Belerofonte fue en su búsqueda, pero Pegaso no se hallaba en el Helicón, sino que lo encontró bebiendo en un pozo situado en Pirene, en la Acrópolis de Corintio, y le lanzó a la cabeza una brida de oro que muy oportunamente le había regalado la diosa Atenea.

Una vez que se hizo con Pegaso, tal y como le había dicho Poliido, fue al encuentro de la Quimera a quien venció sobrevolando por encima de ella a lomos de Pegaso, y atravesándola con sus flechas, una de las cuales fue a parar directamente a sus mandíbulas, y al entrar en contacto con el fuego de la fiera, el plomo de la flecha se fundió y se deslizó por su garganta hasta abrasarle las vísceras.

Convencido ya de que Preto debía estar equivocado con respecto al atentado contra la virtud de Antea, Yóbates mostró la carta y exigió un relato fiel de lo ocurrido. Al enterarse de la verdad imploró el perdón de Belerofonte, le dio a su hija Filónoe en matrimonio y le nombró heredero del trono de Licia. También elogió a las mujeres jantias por su ingenio y ordenó que en el futuro todos los jantios reconocieran su ascendencia por línea materna, no paterna.

En el momento culminante de su gloria Belerofonte emprendió presuntuosamente un vuelo al Olimpo, como si fuera inmortal, pero Zeus envió un tábano que picó a Pegaso bajo la cola, haciendo que se encabritara y arrojara a Belerofonte vergonzosamente a tierra. Pegaso completó su vuelo al Olimpo, donde Zeus lo utiliza ahora como bestia de carga para sus rayos; y Belerofonte, que había caído en un seto de espinos, quedó vagando por la tierra cojo, ciego, solo y maldito, evitando siempre los caminos de los hombres, hasta que la muerte se lo llevo.


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