16 jul. 2011

De Teseo, Ariadna y el Minotauro.


Hoy retomaremos la historia de ayer por donde la habíamos dejado. Recordemos a Egeo y Teseo, padre e hijo, que finalmente se habían reunido y estaban felices. Pero por esas fechas, Atenas estaba en guerra con Creta, y el rey cretense Minos chantajeaba a los ciudadanos atenienses. Si hacemos memoria, Minos era hijo de Zeus, y esto lo sabían los atenienses que no quisieron arriesgarse a que el dios les enviara una peste.

Cada año Minos les exigía siete mujeres y siete hombres vírgenes para alimentar al Minotauro que vivía en el laberinto que Dédalo había construido para él en Creta. Ésta bestia era el terrible resultado de una infidelidad de la esposa de Minos, Pasifae, al yacer con el toro blanco que Poseidón envió a al rey Minos para que se lo sacrificase en su nombre.

Cada año Atenas elegía siete muchachos y siete doncellas para enviarlos a Creta. Era una desgracia que pesaba sobre la ciudad. Pero esta vez no se lanzarían los dados una vez más. Teseo, como hijo del rey de Atenas, asumió que ningún ateniense moriría sin ser acompañado por el hijo de Egeo. Se encomendó a Afrodita y a Apolo para vencer al Minotauro.

Era costumbre que el barco que llevaba a estos seres desgraciados izara velas negras, pues se dirigían a la muerte. Y Teseo en aquel momento le dijo a su padre: "Si el barco regresa y las velas negras siguen izadas, significa que yo también habré sido devorado por el monstruo. Pero si ves velas blancas alégrate, pues habré vencido al Minotauro y sabrás que la ciudad de Atenas ha sido liberada y que tu hijo está de regreso."

Teseo, junto con otros muchachos y doncellas, se fue a Creta. Y una vez en la corte de Minos, intercedió Afrodita haciendo que Ariadna, la hija del rey, se enamorara del joven héroe. Ésta le prometió ayudarle a cambio de que la llevara con él a Atenas a su vuelta.

Una vez que todos los atenienses fueron abandonados en la puerta del laberinto, Ariadna entregó al joven Teseo un ovillo de lana y le dijo: "Ata el extremo en la entrada del laberinto y ve soltando hilo, así cuando venzas al Minotauro, conseguirás salir del laberinto.

Y todo salió bien: Teseo venció al Minotauro y liberó de ese modo a las doncellas y a los muchachos, y liberó también a su ciudad de la maldición. Luego huyó con Ariadna e hizo agujerear los cascos de los barcos del rey Minos anclados en el puerto de Creta, de modo que no pudieran perseguirlos. Todos en el barco lo celebraban con júbilo.

Pero luego ocurrió algo inesperado. El alegre barco hizo un alto en la isla de Naxos y Teseo dejó allí a Ariadna. Nadie sabe por qué lo hizo, pero hay quien afirma que Teseo era un ser inconstante y que ya se había cansado de Ariadna y que por eso simplemente la abandonó allí. Pero no quedó ahí. La confusión de Teseo duró todavía más tiempo porque el barco todavía tenía izadas las velas negras. El héroe había olvidado cambiarlas.

Egeo esperaba a su hijo en el puerto de Atenas; estaba en la alameda y oteaba el horizonte del mar. Entonces vio aparecer el barco a lo lejos y observó que todavía tenía izadas las velas negras. Y le anegó tal pesar, que se lamentó de su triste existencia y se lanzó al mar.

Todavía hoy el mar lleva su nombre, el mar Egeo. Y Teseo se convirtió en rey de Atenas.

1 comentario:

  1. Más más!! Quiero más!!
    Cómo disfruto con estos grandes* resúmenes truculentos, salomónicos!!

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